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REDES PIROTÉCNICAS: XILOGRAFÍAS DE OSCAR APFALTRER VALERO. Escrito por Dr. Manuel Lavaniegos http://www.wanae.com/oscarapf
Mirar el turbulento crecer entretejido de figuras que se inscriben y avanzan, en redes pirotécnicas, desde la plasta entintada es, en verdad, sobrecogedor. Es, al mismo tiempo, penetrar en la mente/madera/pantalla de los nervios en arrobo total de este grabador ante las presencias; acceder a su actitud casi la atávica por aprehender esas presencias tan poderosas que urden el mundo desde el trazado incandescente de sus gestos. Las escenas más groseramente inmediatas se vuelven, por decirlo de algún modo, fantasmas “hieráticos” para la sensibilidad de Oscar Apfaltrer; todas ellas proyectan sus contundentes contornos hechos de agitadas madejas lumínicas, de gruesos y delgados nidos de alambre trazados por el ir y venir del esgrafiado sobre la oscuridad de fondo desde donde emergen. Imponentes como aquellos gigantes de paja que incendiaban los druidas para consagrar a la divinidad de la fiesta y exorcizar el mal, su máxima presencia entre los mortales coincidía con la intensidad de su fulgor; aquí, el hacedor es él que está ávido para volver indeleble, como si fuese definitivo, ese gesto elemental y fugaz – pasear, cuchichear, agacharse, patear, bailar, también pintar o, sencillamente, estar ahí, de modo voluntario o no, como modelo.
Febril, desperada, gozosamente hendir las vetas, con la gubia o sirviéndose de cualquier artefacto punzo/cortante a la mano, para hilar el fulgor que vuelcan los esquemas de las almas, asibles e inasibles, que aparecen siempre, en última instancia, enigmáticas en torno de su entraña invisible. Pues, de alguna manera todas las figuras humanas que con contornos vibrátiles traman el espacio, haciéndose y deshaciéndose en su movilidad, son como su Esfinge: mallas de decididos surcos flotantes que bocetan rítmicamente la interrogante sobre lo que ahí es, sobre lo que existe.
Es de celebrar el feliz encuentro del joven dibujante con el idóneo medio xilográfico – que como observa P. Westheim, en su famoso libro El grabado en madera, “es una técnica que invita a la profesión de fe, propia para plasmar las vivencias anímicas en la forma más inmediata, más intensa, más violenta, en fin más expresiva…que rechaza los efectos superficiales de los procedimientos cómodos y de atractivo barato.”–. Sin duda, en sus manos este contacto provoca instantánea chispa; y gracias, también, a la sabia guía del maestro grabador Luís Lombardo, ahora, con su exposición individual: Esgrafiados1, se puede contemplar una primera cosecha resplandeciente, que esperamos sea una etapa memorable dentro de una larga y fecunda travesía creativa.
El “primitivismo” xilográfico, sobre madera o linóleo, en el mejor de los sentidos de transmisión de frescura, inmediatez, sinceridad y carácter expresivo del dibujo, con su juego básico de “masas blancas y negras” sobre la superficie para estampar, era considerado por Matisse como el “violín de la pintura”; tan sólo bastan la gubia y la superficie para regir la tinta, de modo similar al arco y las cuatro cuerdas tensas del violín, a la más leve presión de los dedos cambia el sonido de suave a fuerte. Justo, el talento interpretativo natural de Oscar Apfaltrer brota de esta fusión radical con el instrumento, el obsesivo ataque de su dibujar se abre hacia una profusa gama de “sonoridades” de la línea, contrapunteando el tajante grosor a los más finos ovillamientos y enrejados de la grafía; incluso, a menudo, su enfebrecida acometida se halla al borde de devorarlo todo en el caos de de las superposiciones de sus labrados sin sosiego, cual un violinista embebido en la disonancia.
La misma encendida riqueza se esconde tras sus escenas y personajes, que en una aparentemente en bizarra repetición, en realidad, se encuentran preñados de innumerables y sutiles matices de abordaje y descubrimiento para cada uno de sus singulares motivos; rincones y morfologías inquietantes, apuntes sueltos y desviaciones continúas entrecruzan, cual jeroglíficos, a las figuras con su ambiente y a las figuras entre sí, se yuxtaponen y multiplican en nuestra mirada y la succionan hacia sus insospechadas madejas.
1 Esgrafiados, Oscar Apfaltrer Valero, Galería del Centro Morelense de las Artes; del 13 de Junio al 5 de
Julio de 2008.
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